Salud cardiovascular en las mujeres: la gran olvidada

La investigación sobre enfermedades cardiovasculares permaneció ajena a la presencia de mujeres en las cohortes de investigación hasta finales del siglo XX.

La cardióloga americana Bernardine Healy, junto con otros investigadores, denunció ya en el año 1991 la inequidad que ha supuesto hacia las mujeres el no haber recibido el mismo trato científico que los hombres. Lo denunció con el artículo titulado El Síndrome de Yentl, ironizando sobre la necesidad de las mujeres de disfrazarse de hombres para conseguir ser visibilizadas y bien atendidas de sus riesgos cardiovasculares. Denunció que la mayoría de trabajos de investigación sobre temas cardiovasculares no incluían mujeres, con cohortes de investigación compuestas sólo de hombres. Existía el prejuicio de los investigadores de que las mujeres no podían tener infartos. La realidad lo ha desmentido. Desde 1991 hasta la actualidad, los trabajos de investigación han incluido, progresivamente, una mayor cantidad de mujeres, aunque persistiendo tasas de inclusión inferiores que, en el mejor de los casos, apenas llegan al 40%; y en la mayoría de casos sin que los análisis por sexo y género sean explícitos en los resultados y en la discusión final. La revista Lancet reconoció en el año 2023 que en el futuro hasta el 38% de la mortalidad de mujeres a nivel mundial será cardiovascular, y por ello ha propuesto promover el trabajo de expertas que aportarán conclusiones hacia el 2030. ¡Solo 40 años después de la denuncia de Bernardine Healy…!

No podemos esperar más dilaciones y en la revista MYS nos hemos propuesto desde hace años hacer visibles los trabajos de investigación de lo que ya se conoce para abordar factores de riesgo que inciden en la prevención de la mortalidad prematura y de la morbilidad de las mujeres. Y nos hemos propuesto también divulgar los trabajos que establecen nuevas correlaciones y causas de la mayor mortalidad cardiovascular de mujeres respecto a los hombres. En números anteriores de MYS ya se hizo eco de la importancia de la violencia de género en la enfermedad cardiovascular, y de la necesidad de incluir la salud gestacional, las enfermedades autoinmunes y la ansiedad y depresión como factores de riesgo cardiovascular. Pero existe todavía un gran desconocimiento de la fisiopatología básica de las mujeres. Ha sido poco estudiada y por lo tanto poco enseñada en las facultades de Medicina. ¿Existen diferencias de sexo en el electrocardiograma? ¿Los infartos de miocardio y la angina de pecho tienen las mismas causas y las mismas manifestaciones? ¿Los endotelios de las coronarias reaccionan igual en mujeres y hombres? ¿La deficiencia de hierro crónica, las enfermedades tiroideas o la terapia hormonal en la menopausia pueden ser causa de mayor mortalidad cardiovascular?

¿Existen influencias de las condiciones de vida y trabajo, del estrés físico y mental, de la carga mental de la doble y triple jornada?

Sabemos desde hace años que el aumento de la carga laboral empeora la salud cardiovascular. Desde hace unos años, la carga mental de las mujeres, entendida como el mantenimiento del conocimiento necesario para el desarrollo del día a día requeridos para la crianza, el trabajo doméstico, las obligaciones laborales, sociales, etcétera de las mujeres, así como las tareas de pensar, anticipar, coordinar, y decidir estas actividades, ha ido apareciendo en diferentes medios y publicaciones.

Al menos dos estudios canadienses demostraron que las y los pacientes afectas de un infarto y con características de personalidad más frecuentemente atribuidas al género femenino (personas afectivas, cariñosas, cuidadosas, con mayor tiempo de dedicación al cuidado, a las tareas domésticas, y con menor salario, entre otras), además de tratarse en mayor medida de mujeres, se asociaban, de manera independiente, a un mayor riesgo de recidiva de evento cardiovascular.

Sería lógico entonces considerar que la mencionada carga mental de las mujeres, como trabajo invisible, fuente de estrés, y determinante de comportamientos socioculturales asociados a un peor pronóstico de salud, pudiera implicar, asimismo, un peor pronóstico cardiovascular.

En este dossier nos hemos propuesto realizar un estado de la cuestión con la definición de los sesgos de género que han impedido la investigación y los datos que conocemos sobre la cardiopatía isquémica, los accidentes vasculares cerebrales, y las arritmias. Pero continuaremos aportando las novedades científicas que aparezcan en sucesivos números de la revista, y animamos a nuestras lectoras y lectores que nos pregunten aspectos que desearían conocer más a fondo, o que escriban sus experiencias positivas o negativas que hayan tenido en relación al sistema sanitario y su salud. 

Soledad Ascoeta Ortiz

Health Workers For Palestine Spain (HW4PS)

Carme Valls Llobet

Endocrinología, Médica de Perspectiva de Género