Historias clínicas de salud mental. La memoria editada

No sé exactamente de dónde saqué el título de esta sección, pero me va muy bien para hablar de una de las preguntas que suelen hacerme para saber qué pasa cuando la gente explica sus recuerdos en las sesiones de análisis.

Creo que estaríamos de acuerdo en decir que incluso en las conversaciones de sobremesa, cuando explicamos algún recuerdo, sabemos que éste, pasa por diferentes filtros de la mente y por supuesto por las particulares condiciones de la persona que lo explique. Un ejemplo clásico es comprobar cuando los hermanos hablan y explican sus recuerdos acerca de sus progenitores. La percepción que tiene cada uno es diversa, muy diferente o totalmente opuesta.

En la sesión de análisis se dan los mismos filtros y condiciones y si tiene una cualidad emocional más o menos intensa, la “edición” puede ser importante. En realidad, podemos decir con tranquilidad que un recuerdo casi nunca es objetivo. Siempre pasa por la subjetividad del sujeto que lo ha vivido.

Así que jugamos con muchas posiciones.

  • Lo que sucedió
  • Lo que tú imaginas que sucedió
  • Lo que tú quisieras que hubiera sucedido

En las sesiones de análisis, esto ya se da por sabido y siempre cuenta como recuerdo subjetivo, la memoria editada, y no importa tanto la veracidad como la verdad del sujeto. No busco la verdad de esos recuerdos pasados, sino una verdad psíquica que permita al sujeto comprender su dinámica interna. Cuento con el inconsciente, que interviene tanto en la formación como en el contenido de los recuerdos.

En realidad, tomo los recuerdos como una “formación de compromiso”, es decir, el resultado de una negociación entre el impulso a recordar y la resistencia a hacerlo, sea cual sea la causa de la resistencia. Muchos, serán lo que llamamos recuerdos encubridores. Editados de tal manera que poco tienen que ver con la escena original. Y no es que esa escena original tenga nada malo para la persona. A menudo simplemente ese recuerdo toma el valor de la represión de su contenido a causa de otro contenido que está reprimido.

Ya veis que la cosa se complica en una sesión de análisis… pues aún puede complicarse más.

Vamos a ello.

Por esta vez prescindo de mis viñetas de sesión y voy a coger un ejemplo directamente del maestro Freud[1]

Se trata del recuerdo de un hombre de veinticuatro años cuando tenía cinco. Está sentado sobre una sillita junto a su tía, que le enseña el abecedario.

Tiene problemas para distinguir la m de la n

—Tía, me ayudas

—Sí, mira, la m se diferencia de la n en que tieneuna pieza más

Una respuesta aceptable de la tía. Primera cuestión: ¿Por qué ese recuerdo tan banal?

Ese recuerdo, en el análisis, tomó otro significado nada banal para este hombre: nada más y nada menos que resolver el problema de la diferenciación sexual. Resignificó esa escena de la infancia sustituyendo la diferencia entre las letras por el saber de la diferencia entre hombres y mujeres. El hombre también tenía una pieza más que la mujer. Las dificultades con las dos vocales serían interpretadas como una metáfora del deseo del niño para comprender el misterio de la diferencia de sexos.

Freud diría que ciertos recuerdos infantiles tan triviales pueden encubrir significados psíquicos mucho más profundos. Tiene razón.


REFERENCIA BIBLIOGRÁFICA

[1] Sigmund Freud Psicopatología de la vida cotidiana (1901) Capítulo, IV: «Recuerdos infantiles y recuerdos encubridores».


 

Olga Fernández Quiroga

Psicóloga especialista en psicología clínica