Entrevista. Dolors Comas d’Argemir

“EL CUIDADO ESTÁ ESTRATIFICADO, FEMINIZADO Y PRECARIZADO”

El envejecimiento de la población reclama respuestas públicas. El cuidado se deja en manos de la familia. La pandemia de 2020 puso de manifiesto las carencias. La catedrática en Antropología social, ex diputada por Iniciativa Catalunya Verds y actual presidenta del colectivo Nous Horitzons, ha estudiado a fondo el tema del cuidado y el envejecimiento. Su último libro, Cuidado de mayores dependientes en tiempos de la COVID-19 nos sacude con la certeza de que cinco años después, “las residencias no están mejor”

-En 1995 ya escribió sobre la brecha entre hombres y mujeres en el ámbito laboral. Ahora su interés se centra en los cuidados. ¿Uno lleva a lo otro?

-Te refieres al libro Trabajo, género y cultura. Tengo una publicación anterior, Vides de Dona, que recoge testimonios de mujeres populares hoy muertas. Nos encontramos con una generación con condiciones muy difíciles, guerra, marcadas por roles de género y familiares muy rígidos. Se tenían que cuidar de la familia, dejar el trabajo. Dependencia masculina total. Las desigualdades sociales se notaban mucho. Más de las mujeres que de los hombres. Y subrayo que ha habido obreras en la clase trabajadora, que no podían dejar el trabajo, y acumulaban (por ejemplo, todo el textil en Catalunya) más las obligaciones familiares. Vidas muy duras. Pienso en las que pasaron una guerra, la vida ha sido pésima, tirar adelante, sin recursos. Ahorros mínimos y ellas han sido las administradoras en las casas.

Ha habido mucho cambio al acceder a estudios en mayor número y esto permite tener otro tipo de trabajo. Lo ejemplifico en el libro que has mencionado: se pasa de ser hijas trabajadoras a madres trabajadoras. Modelo al casarse dejabas el trabajo si podías. Finalmente, se pasa a lo que se llama familias de doble salario: las mujeres pasan a tener trabajos más interesantes, pero no siempre, en situación diferente a la de los hombres y guardando la responsabilidad familiar. Esto continúa bastante así incluso hoy.

Las trayectorias laborales de las mujeres son unas vidas marcadas por las responsabilidades del cuidado de los hijos, de las personas mayores, incluso las que tienen trabajos interesantes. Esto hace que haya más mujeres que cobran menos, trabajo a tiempo parcial y esto repercute en pensiones inferiores. Cuidar empobrece. Al haber vacío en los sindicatos, las brechas salariales potencian las desigualdades de género, empieza antes en la división del trabajo en los hogares. La vida empobrece la vida de las mujeres. En mi trayectoria profesional he pasado de trabajar la dimensión laboral a cómo se aborda el cuidado, que es uno de los retos actuales.

Escribió “cuidar es algo que se aprende”. ¿No se tendrían que implicar los hombres?

– Y tanto, aunque no les guste. Yo distingo a nivel práctico el cuidado de los niños a lo que es el de personas mayores con dependencia. Creo que son acertados los permisos de paternidad en España, intransferibles, hombres y mujeres, porque se ha de empezar desde abajo. Si te acostumbras a cuidar desde pequeños no te sorprende. Además, socialmente está bien visto, no en el mundo laboral, y es un obstáculo, por esto aún son muy pocos los que se implican y dejan el trabajo para educar niños.

Luego están las personas mayores y la dependencia. El reto de nuestro siglo es cuidar. Los hijos dan trabajo, pero nacen pocos. Pero los mayores aumentan. Yo reivindico que la longevidad es un triunfo histórico: mejor calidad de vida, de la salud, del sistema sanitario, y al mismo tiempo comporta retos. Con más mayores más riesgos: se puede vivir muchos años con enfermedades crónicas, y se continúa resolviendo con las familias en su mayor parte porque las ayudas públicas resuelven poco. Hay a la vez una realidad de que hay más hombres que cuidan a personas mayores de los que conocemos. Yo he trabajado este tema. Si se envejece en pareja, y pongo condicional porque las mujeres viven más, está demostrado que hay más hombres que cuidan a las mujeres que al revés. Porque las mujeres se deterioran más cognitivamente. Las hijas no se pueden implicar tanto y los maridos ahora se han de implicar y hay muchos. Esta realidad está invisibilizada.

No cambiarán las relaciones de género. Y si hombres que no habían cuidado nunca, estaban con el sistema patriarcal, y lo acaban haciendo, es obvio que el cuidado se aprende. El cuidado es un asunto social y político. Hoy aún son las familias quienes cuidan.

Las cuidadoras son en su mayor parte mujeres migrantes. Cuidar como única salida laboral, y no siempre en condiciones dignas.

-Como las políticas públicas son débiles, si tú pides un sistema de atención domiciliaria vienen pocas horas. En Cataluña, que es el caso que mejor conozco, y si vives fuera de Barcelona, hay copago. Las familias que pueden acaban contratando por su cuenta. Algunas sin contrato. Si esta es la solución más barata, ¿qué quiere decir para ellas, para las trabajadoras cuidadoras? La ley de extranjería aboca a que haya un trabajo sumergido. Si has de demostrar que has de tener 2 años empadronado, no puedes tener contrato de trabajo. Las internas casi todas son migradas, y las cuidadoras también. Puede que quien esté cuidando en sus países hayan tenido estudios elevados que aquí no pueden llevar a cabo profesionalmente.

La organización del cuidado está estratificado, feminizado, precarizado. Y si hablamos de trabajo en residencias, o de centros de día, nos encontramos con trabajadoras pobres. Y tiene que ver que son mujeres.

-Frente a una sociedad longeva, a la par hay una discriminación por edad.

-Se junta doble discriminación: una es la de no dar valor al cuidado como un tema menor, y por otro lado no dar valor a las personas mayores. Tendríamos que pensar en los derechos humanos, y los mayores tienen derecho a ellos totalmente. Vivir muchos años está bien, pero se han de vivir en condiciones. El edadismo está presente, aunque no se verbalice. Nadie lo reconoce, pero es algo implícito el mal trato a los mayores. Se les infantiliza. El paternalismo también es maltrato. El edadismo tiene muchas expresiones. A diferencia del racismo, sexismo, que sí hay más conciencia, con el edadismo no nos damos cuenta ni nosotros mismos. O frases discriminatorias: como tienes esta edad tú no lo puedes hacer.

Cuidar de mayores dependientes en tiempos de la COVID-19 lo que nos ha enseñado es su último libro. A cinco años vista, ¿cómo es posible que no se hayan depurado responsabilidades políticas?

-En el caso de Madrid todo se hizo muy explícito. En Cataluña se dio una indicación de que las personas mayores de 80 años mejor no hacer esfuerzo terapéutico. Hubo protestas. Se retiró, pero se dejó en manos de los responsables de los hospitales. Y sé que algunos hospitales no admitían personas que venían de residencias. Y lo he comprobado. No entraré en cuestiones si ha de intervenir la justicia, pero como mínimo sí una reparación moral. Podrían haber reconocido que se podría haber hecho mejor. Sin la reparación moral, en las propias familias cómo se puede escribir un futuro mejor. Se han hecho pocos memoriales. Se ha olvidado muy rápido.

La pandemia ha obligado a hacer una reflexión acerca de cómo tratar a las personas mayores, y es verdad que hay un cambio de relato, personificar la cura, que la persona esté más tiempo en su casa, sí, pero en la práctica no ha mejorado.

Las residencias no están mejor que antes de la pandemia. Las residencias con gestión pública en Cataluña están mejor que las privadas. Falta de personal. Un 30 por ciento se han marchado tras la pandemia.

-Envejecer en un sistema que no te protege. Muchas mujeres solas, de un derecho ¿puede pasar a ser una condena?

-Sí, quien tiene dinero puede solucionar las cosas. Es un tema no resuelto y fundamental. Hemos de defender un envejecimiento digno. Damos la culpa a los políticos, pero y la ciudadanía ¿está haciendo demandas en este tema?

-¿Por qué esta indiferencia?

-Porque hay una dimensión moral de que es un tema de las familias. Si hacemos demandas parece que traicionamos a nuestras familias. Y la parte profesional está tan fragmentada, tan poco unida. No hay conciencia de sector en el tema de los cuidados. Si no hay presión ciudadana, la política no se mueve. En Cataluña hemos creado la Xarxa pel Dret a Cura (Red por el derecho al cuidado)

-¿Cómo está esta Red?

-Se creó en 2022. Es reciente. Se hizo el Fórum Social del Cuidado y la sorpresa para los 7 que empezamos es que vinieron 300 personas. Hemos hecho un segundo Fórum con muchas actividades diversas. Como es trabajo voluntario, hacemos lo que podemos. Se hace concienciación ciudadana, presión política, conocimiento mutuo. Barrios cuidadores. Hay una web: https://dretacura.bcn.coop/

Envejecimiento activo, ¿cómo difundirlo?

-Hay que prestar atención al ámbito rural. En las ciudades el envejecimiento activo es interesante, pero a la vez hay que mirarlo de forma crítica. No se trata de hacer algo, hay quien se jubila y prefiere no hacer nada. Cuando hablamos de ciudades cuidadoras se ha de expresar en los servicios y en el urbanismo. Afortunadamente en el ámbito mediterráneo son poblaciones compactas. En un barrio puedes encontrar de todo. Es una pena que en Barcelona se haya eliminado el programa Vila veïna que quería potenciar la dimensión comunitaria de los barrios, que los servicios estén al alcance de la comunidad, con cines, servicios cívicos, etc. Articular todo esto no es tan fácil. Un urbanismo que facilite desde la estructura urbana a los itinerarios que se han de hacer, si son accesibles, si hay bancos para sentarse, urinarios también es fundamental. Todo esto que parecen pequeñas cosas, es lo que te da seguridad. Tú has hablado antes de la soledad, no me gusta hablar de soledad no deseada, porque se puede estar muy bien sola. Esto del deseo es difícil. Lo preocupante no es vivir solo sino el aislamiento social. Es más fácil hablar de la soledad no deseada ya que parece un problema individual que hablar de las causas del aislamiento, que tienen que ver con la pobreza, las viviendas no adecuadas. Me preocupan más las condiciones de vida que no el deseo.

-¿Nos cuidará un robot?

-Lo veo muy mal porque cuidar tiene muchas dimensiones. Una de ellas es la dimensión relacional importante. Cuidar crea vínculo. Tiene componentes emocionales también. Malo será el día que tengamos que ser cuidados por un robot. No se puede deslocalizar el cuidado. Es un trabajo con cuerpo y desde el cuerpo. Una máquina no lo puede suplir nunca. Ahora se promociona mucho la foca Paul, te puedes entretener, pero otra cosa es que te cuiden.

Qué opina de otras propuestas de convivencia, desde el cohousing a la ciutat de les dones?

-Todo está inventado. El futuro está en compartir. Una de las soluciones intermedias son las viviendas con servicios. Son potenciadoras de vida comunitaria. Yo no iría a un cohousing porque estoy aburrida de asambleas. Pero viviendas con servicios son apartamentos privados con espacios comunes de encuentro, con servicios de fisioterapeutas, terapeutas, etc. No sirven con personas con elevada dependencia. Las residencias deben continuar pero reforzadas. Mi investigación ahora es saber qué hay en España en el tema de las residencias, desde iniciativa pública o sin ánimo de lucro, y privado. El mercado ya se ha puesto. Es un gran negocio. Pero desde la justicia social, tendría que ser diferente. En Barcelona hay casi 2.000 viviendas con servicios. Ahora investigamos en Cataluña, País Vasco, Païs Valencia y Aragón. En Valencia y Aragón es muy irregular. En Barcelona están dirigidas a personas mayores con pocos recursos o para personas que viven en viviendas con poca accesibilidad. Y cada vez observo más que muchas mujeres se juntan para vivir.

Lourdes Durán Ramírez

Periodista y escritora