Editorial. El corazón tiene sexo y género

La revista MYS emprende una nueva etapa con un renovado consejo de redacción de la revista integrado por Noelia García Toyos, psicóloga y doctora en Ciencias de la salud, Mónica Felipe-Larralde, experta en Género y Salud, Lourdes Franco López, médica familiar y comunitaria y antropóloga médica, Núria Beitia Hernández, psicóloga y docente y Vita Arrufat Gallén, médica especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública. En el presente número abordamos el corazón y la salud cardiovascular con perspectiva de género como tema del Dossier, sección motora de cada revista.

El paradigma del cuidado emerge desde la confluencia entre la cultura de paz y la crítica feminista de la ciencia. En los años 70-80 del siglo XX, filósofas como Sandra Harding, Evelyn Fox Keller o Donna Haraway, entre otras, junto a historiadoras de la ciencia como Londa Schiebinger o Margaret Rossiter, habían señalado los sesgos androcéntricos y aún sexistas que anidaban en muchas teorías científicas. Sabemos desde los años 90, gracias a Bernardine Healy, que las investigaciones científicas han de incluir las variables de sexo y género, tanto en los ensayos clínicos como en otros estudios de investigación. Y como dice Capitolina Díaz, el observador del estudio interviene en los resultados. No hay ciencia neutra.

Para seguir investigando y aprendiendo sobre salud, enfermedad y cuidados, incluyendo la variable sexo y desde la perspectiva de género o feminista, resumimos algunas de las investigaciones que escriben nuestras autoras.

Actualizamos los sesgos de género del sistema sanitario en las enfermedades cardiovasculares en las mujeres, citando las diferencias en la fisiopatología de las mujeres por la enfermedad microvascular según el estudio Women’s Initiative for Stroke in Europe WISE y la mayor mortalidad después de haber sufrido un infarto. Se evidencia que las mujeres tienen menos probabilidades de visitar al cardiólogo y de ser diagnosticadas de una enfermedad cardíaca. Además, existe sesgo en el diseño de los dispositivos médicos como stents y marcapasos. Lo mismo ocurre con la inequidad en las terapias de perfusión y la menor indicación de rehabilitación en las mujeres. Señalar que el Centre d’Anàlisi i Programes Sanitaris (CAPS) está elaborando unas recomendaciones de práctica clínica para tener en cuenta las diferencias en la salud de las mujeres que pretenden ser la primera iniciativa de este tipo en Europa. Esperamos poder hacer su presentación en el próximo MYS. 

También señalamos las desigualdades en investigación, diagnóstico y tratamiento del ictus en la mujer, que nos genera una mayor carga de enfermedad y un peor pronóstico funcional. La edad no es el único factor que contribuye a las desigualdades de género en esta patología. Las mujeres presentan una mayor prevalencia de determinados factores de riesgo como hipertensión arterial, migraña con aura, o enfermedades autoinmunes. Asimismo, existen factores exclusivos del sexo femenino, como el embarazo, el puerperio, la preeclampsia, el uso de anticonceptivos hormonales, las terapias de fertilidad y los cambios hormonales asociados a la menopausia.

Nos planteamos que en la enfermedad coronaria no obstructiva hay un sesgo de sexo y que el Síndrome coronario agudo ocurre en edades más tempranas y es más frecuente en mujeres.  Las mujeres debutan con dolor torácico de manera similar a los hombres, aunque la prevalencia de los síntomas asociados, como disnea, palpitaciones, mareos o fatiga, es mayor que en los hombres. Evidenciamos otro sesgo en la atención: los hombres pueden describir como quieran el dolor, que siempre se les creerá, siendo esto un ejemplo de violencia institucional. Describimos los fármacos antiarrítmicos y el riesgo de Torsada de Puntas en las mujeres. Lo que parece claro es que la práctica común de prescribir dosis iguales de medicamentos a mujeres y hombres ignora todas las diferencias de sexo y género, con el riesgo de sobremedicación y, en consecuencia, un mayor número de reacción adversa a medicamentos en las mujeres.

Se deja claro que el sexo influye en la Insuficiencia cardiaca (IC) por las variaciones hormonales, las comorbilidades (tratamientos de cáncer de mama, ansiedad, depresión) y factores sociales. Y la hipertensión arterial como factor de riesgo principal de la IC en ambos sexos, tiene un impacto mayor en las mujeres. Las mujeres son más propensas a que la IC se derive de la Hipertensión, diabetes y enfermedades valvulares. Las mujeres de entornos socioeconómicos desfavorecidos acceden menos a la atención, con peor estado de salud y tasas de hospitalización más altas. Existe una disparidad de género en el control de los factores de riesgo cardiovascular (Presión arterial y Glucemia).

Comprender estas diferencias es fundamental para mejorar los resultados clínicos y diseñar estrategias de tratamiento específicas para cada sexo. Las futuras investigaciones deben centrarse en abordar las lagunas de conocimiento y garantizar una representación equitativa de las mujeres en los ensayos clínicos para guiar una atención verdaderamente personalizada.