Cuando el género marca la diferencia: desigualdades en la insuficiencia cardíaca

La insuficiencia cardíaca es una afección compleja y prevalente que afecta a millones de personas en todo el mundo. La evidencia científica reciente destaca las importantes diferencias entre hombres y mujeres en términos de epidemiología, fisiopatología, presentación clínica y respuestas al tratamiento. Estas diferencias están influenciadas por factores específicos del sexo, como las variaciones hormonales, las comorbilidades y factores sociales. A pesar de estos conocimientos, sigue habiendo una brecha en la comprensión y el tratamiento de la insuficiencia cardíaca en las mujeres, en parte debido a su escasa representación en los ensayos clínicos. Estudios recientes han arrojado luz sobre estos aspectos específicos del género y han proporcionado información valiosa para la elaboración de estrategias de tratamiento personalizadas.

 En primer lugar, si nos fijamos en la prevalencia ésta varía según el género, y las mujeres suelen tener una prevalencia más baja de un tipo de insuficiencia cardíaca (con fracción de eyección reducida) en comparación con los hombres, quienes tienen mayor probabilidad de desarrollar insuficiencia cardíaca con fracción de eyección reducida, a menudo relacionada con la cardiopatía isquémica.

También podemos observar diferencias en la prevalencia relacionadas con la edad. La prevalencia de la insuficiencia cardíaca aumenta con la edad en ambos sexos; sin embargo, las mujeres suelen recibir el diagnóstico a una edad mayor que a los hombres. Por ejemplo, las mujeres diagnosticadas con insuficiencia cardíaca son, en promedio, 5 años mayores que los hombres y esta disparidad de edad es importante ya que puede contribuir a diferencias en las comorbilidades y las respuestas al tratamiento. Y es que éstas, generalmente presentan mayor carga de comorbilidades como hipertensión, diabetes y obesidad. La hipertensión arterial, como factor de riesgo principal en ambos sexos, tiene un impacto mayor en las mujeres, lo que subraya la importancia de estrategias preventivas diferenciadas. Factores propios de la mujer, como los efectos del embarazo y el tratamiento del cáncer de mama, también pueden contribuir al desarrollo de insuficiencia cardíaca en este grupo.

En relación con las causas subyacentes, existen diferencias significativas según el género. Los hombres tienen mayor predisposición a desarrollar insuficiencia cardíaca debido a enfermedades de las arterias coronarias, mientras que las mujeres son más propensas a que la insuficiencia cardíaca se derive de hipertensión, diabetes y enfermedades valvulares. El papel protector del estrógeno en la salud cardiovascular, especialmente en edades tempranas, también influye en estas diferencias. La disminución de los niveles de estrógeno postmenopáusico puede incrementar la prevalencia de insuficiencia en mujeres mayores. Además, el estrógeno también influye en la remodelación del ventrículo izquierdo y puede explicar los mejores resultados de supervivencia observados en las mujeres.

Con respecto a la presentación clínica y de síntomas, vemos que las mujeres con insuficiencia cardíaca suelen presentar peores síntomas y una peor calidad de vida en comparación con los hombres, a pesar de tener tasas de hospitalización similares. Se cree que esto podría estar relacionado con diferencias en la percepción de la enfermedad, los determinantes sociales de la salud y la presencia de comorbilidades como depresión y ansiedad. La depresión, en particular, es más frecuente en las mujeres con insuficiencia, y con frecuencia se relaciona con determinantes socioeconómicos como bajos ingresos, falta de apoyo social e inestabilidad financiera.

Y es que, si bien los avances en los tratamientos médicos han mejorado los resultados de muchos pacientes, aún persisten desigualdades en el acceso a la atención y los estigmas sociales.

El nivel socioeconómico desempeña un papel fundamental, dado que las mujeres de entornos socioeconómicos desfavorecidos suelen tener más problemas para acceder a la atención, lo que puede llevar a un peor estado de salud y a tasas de hospitalización más altas. Esta situación se ve exacerbada por las disparidades de género en el control de factores de riesgo cardiovascular, como la presión arterial y la glucemia, cuyo manejo suele ser menos efectivo en mujeres de estratos socioeconómicos bajos.

En cuanto al tratamiento, las mujeres tienen una menor probabilidad que los hombres de recibir la terapia médica óptima recomendada por las guías clínicas, incluyendo ciertos fármacos. Esta diferencia se acentúa en mujeres jóvenes. Además, es menos frecuente que reciban un seguimiento cardiológico especializado y presentan más deficiencias en la atención post-alta, factores que contribuyen a peores resultados y a una mayor incidencia de reingresos hospitalarios.

Asimismo, las mujeres son más susceptibles de sufrir el estigma asociado a su apariencia física y de percibir un menor apoyo social, aspectos que pueden influir negativamente en la toma de decisiones clínicas y en el acceso a terapias avanzadas.

Si bien las guías clínicas recomiendan tratamientos similares para la insuficiencia cardíaca en ambos sexos, se han observado diferencias en las respuestas al tratamiento según el género. Por ejemplo:

  • Las mujeres podrían requerir dosis más bajas de ciertos fármacos para alcanzar una eficacia óptima.
  • Tienen menos probabilidades de recibir algunas terapias basadas en dispositivos, debido a variaciones en la gravedad de la enfermedad, la presencia de comorbilidades y la escasa representación femenina en los ensayos clínicos.

En lo referente a la mortalidad, y a pesar de experimentar síntomas más severos y una peor calidad de vida, las mujeres con insuficiencia cardíaca presentan una tasa de mortalidad ajustada por edad inferior a la de los hombres. Esta ventaja en la supervivencia se mantiene constante en diversos contextos económicos y geográficos. No obstante, en lo que respecta a la calidad de vida, las mujeres suelen reportar un peor estado funcional y una calidad de vida relacionada con la salud más deficiente, desigualdades posiblemente influenciadas por diferencias en las comorbilidades, el apoyo social disponible y el acceso a la atención.

NECESIDAD DE INVESTIGACIONES ESPECÍFICAS POR SEXO

A pesar de la creciente evidencia que subraya las diferencias de género en la insuficiencia cardíaca, persisten lagunas significativas en nuestro conocimiento. Las mujeres continúan estando infrarrepresentadas en los ensayos clínicos, y pocos estudios reportan resultados desglosados por sexo, lo que conlleva una ausencia de directrices de tratamiento específicas para mujeres. La mayoría de las recomendaciones actuales se basan en datos de cohortes predominantemente masculinas, lo que podría no abordar completamente las necesidades particulares de las pacientes.

Las futuras investigaciones deberían priorizar los análisis estratificados por sexo para comprender en profundidad los mecanismos fisiopatológicos subyacentes y optimizar las estrategias terapéuticas. Existe una necesidad apremiante de desarrollar estrategias de tratamiento personalizadas que consideren las diferencias de sexo en la insuficiencia cardíaca, incluyendo la optimización de las dosis farmacológicas según el género y la evaluación del papel de la terapia con estrógenos en mujeres posmenopáusicas.

ABORDAR LAS DISPARIDADES EN LA ATENCIÓN

Los esfuerzos para mitigar las disparidades de género en la atención de la insuficiencia cardíaca deben enfocarse, en primer lugar, en facilitar el acceso de las mujeres a las terapias recomendadas por las guías clínicas y en abordar los determinantes sociales de la salud. Se requieren intervenciones específicas para asegurar una distribución equitativa tanto de los tratamientos farmacológicos convencionales como de las terapias avanzadas. Esto implica ampliar el acceso a tecnologías de telesalud y a la gestión de pacientes con movilidad reducida, particularmente para mujeres y minorías raciales, y superar las barreras sistémicas, como el coste económico.

En segundo lugar, resulta fundamental reducir los estigmas sociales asociados a la enfermedad y abordar la salud mental de las pacientes. Los profesionales de la salud deben integrar evaluaciones de salud mental en la atención rutinaria y proporcionar recursos para afrontar los desafíos socioeconómicos, como la inseguridad alimentaria y la inestabilidad de la vivienda.

Finalmente, es crucial reconocer que los cambios en las políticas son esenciales para abordar las causas fundamentales de las disparidades en la atención de la insuficiencia cardíaca. Esto incluye un aumento en la financiación hospitalaria destinada a la implementación de programas que mitiguen las desigualdades socioeconómicas.

Además, para subsanar las brechas de conocimiento existentes, los futuros ensayos clínicos deben garantizar una representación de género equilibrada. Esto permitirá realizar análisis de subgrupos significativos y elaborar directrices de tratamiento específicas para cada sexo. Adicionalmente, la implementación de enfoques de tratamiento personalizados, basados en factores biológicos y específicos de género, es esencial para mejorar los resultados tanto en hombres como en mujeres.

Comprender estas diferencias es fundamental para mejorar los resultados clínicos y diseñar estrategias de tratamiento específicas para cada sexo. Las futuras investigaciones deben centrarse en abordar las lagunas de conocimiento y garantizar una representación equitativa de las mujeres en los ensayos clínicos para guiar una atención verdaderamente personalizada.

Estos hallazgos resaltan la necesidad imperiosa de adoptar un enfoque sensible al género en el tratamiento de la insuficiencia cardíaca, así como de intensificar la investigación para abordar las brechas existentes en el conocimiento y la atención.


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Neus Badosa Mercè

Enfermera coordinadora de la Unitat d’Insuficiència Cardíaca. Servei de Cardiología del Hospital del Mar (Barcelona)