Lo frecuente no es siempre lo normal. La valoración de la ferritina

Los análisis clínicos han sido una herramienta fundamental para el diagnóstico médico y han permitido avanzar hacia una medicina más personalizada y de precisión. Sin embargo, la interpretación de los resultados puede resultar confusa debido a la falta de criterios uniformes: los protocolos varían entre laboratorios y a menudo se basan en referencias poblacionales o en los valores definidos por los propios fabricantes de los reactivos, lo que genera una alta variabilidad.

La confusión entre lo frecuente y lo normal constituye el núcleo de este problema. La frecuencia de un determinado indicador refleja su incidencia y prevalencia en una población atendida dentro de un contexto específico —como un área hospitalaria o un conjunto de laboratorios—. Estos valores muestran una alta variabilidad y conforman los denominados valores de referencia. Sin embargo, los valores de normalidad deberían representar los rangos compatibles con un óptimo funcionamiento fisiológico del organismo. Deberían establecerse a partir de una población sana, con buena calidad de vida y funciones vitales equilibradas, utilizando metodologías que permitan correlacionar los parámetros bioquímicos y hormonales con indicadores objetivos de bienestar y salud.

Cuando se consideran como “normales” valores que en realidad reflejan un déficit fisiológico, se perpetúan errores diagnósticos y tratamientos insuficientes. Asimismo, cuando los valores de referencia de las mujeres se establecen como inferiores sin una base científica sólida, se introducen sesgos de género que distorsionan la práctica médica, conduciendo a la minimización o sobrediagnóstico de sus patologías.

La solución pasa por revisar los valores de referencia y de normalidad desde una perspectiva de género, que tenga en cuenta las diferencias biológicas entre mujeres y hombres. Por este motivo, desde la revista MYS nos proponemos incluir en cada número la revisión de un parámetro bioquímico, ofreciendo los valores de normalidad más actualizados y respaldados por la bibliografía científica internacional.

Es fundamental reconocer que el cuerpo de las mujeres presenta necesidades fisiológicas específicas y carencias más frecuentes que las observadas en los hombres. Lo que no debería ocurrir es que los rangos de referencia analíticos normalicen esas carencias, haciendo creer que son “valores normales”. Este problema se manifiesta de forma paradigmática en la evaluación de las reservas de hierro del organismo, representadas por la ferritina. La ferritina no debe interpretarse como un dato aislado, sino en el contexto de la sintomatología y la historia clínica individual. Un valor “dentro del rango” no garantiza una salud óptima, especialmente cuando existen signos de déficit funcional.

El hierro es esencial para la producción de hemoglobina, el transporte de oxígeno, la función inmunitaria y el metabolismo energético. Cuando los depósitos de hierro disminuyen por debajo de 50 ng/ml, el organismo prioriza funciones vitales, y aparecen síntomas. Estos signos clínicos suelen ser interpretados la mayoría de las veces como estrés, depresión, ansiedad o incluso fibromialgia. Sin embargo, en muchos casos se trata de una ferropenia, es decir, una disminución significativa de las reservas de hierro, que puede existir incluso cuando la hemoglobina se encuentra dentro de los límites “normales”, y cuando todavía no existe anemia.

Durante años, los laboratorios han considerado “aceptable” una ferritina en rangos que han oscilado de 5 a 300 ng/ml. Pero, la ciencia demuestra que estos valores son insuficientes para la salud y el bienestar de las mujeres. A pesar de esto, miles de mujeres en consulta reciben el mensaje de que “todo está bien” simplemente porque sus resultados están dentro de un rango de referencia que no refleja su realidad fisiológica. Esta invisibilización se agrava por un fenómeno propio de la vida de las mujeres: los sangrados abundantes durante la adolescencia y la perimenopausia, etapa que marca la transición hacia el final de la vida fértil. En los dos casos las reservas de hierro del organismo estarán comprometidas.

En definitiva, lo frecuente no siempre es lo normal. Que millones de mujeres vivan con déficit de hierro desde la adolescencia y lo agraven en la perimenopausia no debe aceptarse como inevitable. Cada menstruación representa una pérdida de sangre que, si no se repone, deja huella en la salud física y emocional de las mujeres. Corregir este problema requiere actualizar los valores de referencia, y empezar a exigir que los rangos indiquen realmente valores de normalidad, replantear la atención médica y reconocer que la biología de las mujeres merece ser medida y cuidada con criterios propios. Solo así podremos dejar de invisibilizar un problema que afecta a generaciones enteras y avanzar hacia una medicina que vea y atienda a todas las mujeres en su diversidad y complejidad.

REFERENCIAS BIBLIOGRAFÍA

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Jenny Campos-Salinas

Doctora en Biología, Máster en Educación en Salud Sexual, investigadora en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). email: jennycampos@ipb.csic.es; Instagram: @jennycampossal

Carme Valls Llobet

Endocrinología, Médica de Perspectiva de Género