¿Dónde está el discurso de la paz? Cuidados, referencias, acciones y valores 

La ausencia de guerra no constituye una verdadera paz si las mujeres siguen viviendo bajo la desigualdad, la exclusión o la violencia, y estas son condicionantes de malestar o de enfermar.

La violencia hacia las mujeres puede realizarse por un individuo o por un grupo o colectividad. Pero ¿es un problema individual la violencia machista? ¿Es violencia de grupo la guerra como lo es la violencia estructural? Cada una pondrá la respuesta a estas preguntas. Estoy activa contra todo tipo de violencias. Sigo el camino de la educación para la salud y la paz. Como feminista pienso que las violencias, tanto individual como en grupo son machistas, patriarcales, fruto de no tratar a las mujeres en igualdad y de olvidar a las mujeres en la toma de decisiones políticas o económicas. Somos las mujeres feministas, y algunos hombres, quienes tenemos grabado en nuestra ética la necesidad de realizar acciones contra la violencia generada por el compañero íntimo o por las guerras. Ponemos el corazón y la razón para acabar con la violencia hacia las mujeres. Integramos en nuestra ética, generadora de salud, el ecofeminismo, el antimilitarismo y el pacifismo.

La transgresión de las normas represivas y alienantes ha sido uno de los pilares utilizados por el feminismo. Y también por colectivos de personas marginadas, borradas o enajenadas de la historia por su diferencia racial, cultural, sexual, económica. Los logros feministas han sido conseguidos sin la utilización de la violencia.

Diálogo, escucha activa, coherencia, negociación, pacto. No es una alternativa, es la única alternativa ante conflictos de ideas o de intereses.

Primar las relaciones de colaboración, participación, escucha, apoyo y ayuda, a las de competencia, prepotencia y eliminación del/la adversario/a. Ante el corporativismo y complicidad del poder patriarcal, respondamos con un discurso de sororidad y unidad desde nuestras diferencias. 

Recordemos a Emma Goldman y su libro La palabra como arma. Las palabras tienen la fuerza, pueden generar la paz. Revisemos los premios Nobel de la paz concedidos a mujeres, en mayor cuantía que a hombres.

Visibilicemos la ciencia feminista de Rosalind Franklin, Linn Margulis, Barbara Ehrenreih, Deirdree Degeling, Rita Levi Montalcini, Barbara Starfield, Carole Daveluy, y nuestras feministas científicas y filósofas locales: Celia Amorós, Amelia Valcarcel, Ana de Miguel, M Angeles Duran, Margarita Salas, María Blasco, Carme Valls Llobet, Garcia Dauder, Eulalia Perez Sedeño, Consuelo Miqueo, Carmen Magallón, y tantas otras que podemos consultar en el proyecto Womens Legacy (1).

El paradigma del cuidado emerge desde la confluencia entre cultura de paz y la crítica feminista de la ciencia. En los años 70-80 del siglo XX, filósofas feministas de la ciencia como Sandra Harding o Donna Haraway, entre otras, junto a historiadoras de la ciencia como Londa Schiebinger o Margaret Rossiter, habían señalado los sesgos androcéntricos y aún sexistas que anidaban en muchas teorías científicas. Sabemos que desde los años 90, gracias a Bernardine Healy, que las investigaciones científicas han de incluir las variables sexo y género, tanto en los ensayos clínicos como en otros estudios de investigación. Y como dice Capitolina Diaz el observador del estudio interviene en los resultados: no hay ciencia neutra. Por todo ello la violencia estructural nos genera enfermedades a las mujeres. 

Sigamos pidiendo los derechos humanos para la ciudadanía (salud, educación, trabajo, vivienda, alimentación, agua, paz), sigamos trabajando por hacer accesibles los cuidados a las personas y al ecosistema. Pongamos las relaciones y la vida como centro de nuestros intereses, de la economía, de la política.

Creemos otro relato, con esas historias y con un pensamiento crítico de lo que ocurre, pero sobre todo constructivo. Un relato de construcción de paz, que dejen absolutamente fuera las violencias y las guerras como medio de conseguir, no se sabe qué, a costa del horror.

Dediquémonos a recuperar lo reprimido, lo excluido, lo tachado que tiene que ver con el cuidado de la vida y del planeta y por tanto generador de la paz. Vayamos cambiando el mundo, hagamos otro mundo posible, porque el que tenemos no tiene futuro, es imposible. 

Las mujeres feministas con conocimientos en salud ponemos en el centro la acción comunitaria, la participación de la comunidad promoviendo la educación para la salud y la paz. ¡Si no hay paz no hay salud! 

El autoconocimiento en salud sexual y reproductiva nos inicia en el conocimiento y cuidado de nuestro cuerpo sin sesgos patriarcales de la industria farmacéutica, cosmética, de los medios de comunicación, de la ciencia con sesgo de género, y nos facilita un conocimiento del propio cuerpo sin agresiones. Y si existe la agresión enfrentarla con el conocimiento. El primer paso será reconocerme a mí misma en los grupos de mujeres feministas y aprender de otras y reconocerme con mis diferencias y similitudes: empoderarnos. Segundo paso conocer a las personas que me rodean y la comunidad donde habito, practicar la resiliencia superando las adversidades.  Cada persona, hombre o mujer, ha de prepararse para aprender a compartir la responsabilidad de los cuidados para la vida: Autocuidado, hacia una misma, Inter Cuidado, hacia los demás y trans cuidado hacia la comunidad (2).

Si queremos compartir los cuidados y si queremos la igualdad, hemos de conseguir que los cuidados sean colectivos y no se limiten a los y las miembros de la familia, o solo a hombres y mujeres. Las mujeres hemos de dejar de hacer cuidados y los hombres han de apropiarse de los cuidados. Cuidar es el origen de la sociedad. La sociedad se inicia, ya en la prehistoria, con los cuidados que comparten las madres unas a otras para hacerse cargo de las criaturas, asegurando así la supervivencia del grupo. Cuidar es compartir y establecer relaciones. Hemos de valorar los cuidados, económica y éticamente, que hacemos las mujeres y que sirven para prolongar la supervivencia de la especie y añaden más años a la vida y más vida a los años (3).  

Tenemos una iniciativa a proponer: El día de cuidar la vida. Juntas para poner la vida en el centro. Juntas por la paz. Un día acordado por todas como la fecha de la muerte de Rachel asesinada por el tractor en Palestina o la fecha de la muerte de Hagar Roublef.

En El banquete de Platón, como nos recuerda la filósofa Nieves Muñoz Muñoz en su libro: Los ecos del banquete no escrito, las mujeres sirven la mesa y limpian los restos del banquete que disfrutan los hombres. Las mujeres nunca hemos hecho las guerras, aunque por nuestra tarea histórica somos cuidadoras, hemos acompañado a los hombres y participado en ellas, como cocineras, intendentes, prostitutas… En ninguna de esas guerras las mujeres participamos en la guerra voluntariamente (4). 

Hay que valorar lo que han hecho las mujeres feministas. Acercarnos a la ciencia con empatía como Evelin Fox Keller, que relató cómo la esfera pública es identificada como masculina y la esfera privada como femenina; Por ello a las mujeres se nos atribuye desde la infancia la identificación con lo privado, y al ámbito privado se asignan los cuidados.  Estas limitaciones afectan al conocimiento de la ciencia y a la historia, y hace que las interpretaciones de estas sean sesgadas. Como ocurre con las mujeres que ahora realizan el servicio militar o acuden a la llamada del ejército, creyendo que así son iguales a los hombres, se inician en el ejército creyendo que la guerra es una forma de relación. Si construimos la paz no podemos consentir el militarismo en nuestras vidas, no en nuestro nombre, por ello acogemos a los objetores de conciencia, mujeres y hombres. El feminismo está ligado al antimilitarismo y al movimiento pacifista desde sus orígenes, como explica Cyntia Cockburn (5).

Podemos las mujeres, tener independencia económica e intelectual, como tuvieron las beguinas y tantas otras mujeres a lo largo de la historia. Vamos a resignificar las palabras, vamos a hablar desde nuestra potencia de hacedoras de libertad, de bienestar. Conflicto, cuidados, son palabras que hemos de definir como positivas.

Preparamos espacios para la paz cada vez que dialogamos, escuchamos, trabajamos colectivamente para resolver los conflictos sin usar la violencia. Y cuando nos manifestamos el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer concentrándonos en la calle y realizando performances, leyendo manifiestos en lugares públicos de las ciudades. Cuando salimos a las calles el 25 de noviembre o el 21 de septiembre el Día Internacional de la Paz, cuando nos manifestamos el 5 de Marzo Día Internacional para Concienciar sobre el Desarme y la no proliferación armamentística, o el 24 de Mayo Día Internacional de las mujeres por la Paz y el Desarme (6).

Hacemos concentraciones en la plaza mayor de cada ciudad, vestidas de negro y en silencio. Leemos manifiestos sobre el genocidio en Gaza, cada primer miércoles de mes en Vila real o en Valencia. Confluimos en acciones conjuntas de mujeres de negro con Dones de Negre con la Asamblea contra les guerres de Valencia, BDS, Salir de casa por Palestina, WILPF. Realizamos charlas y coloquios en las Universidades. Conmemoramos cada 25 de noviembre, Día Internacional contra la Violencia hacia las Mujeres, con performances y/o vigilias, en las plazas, saliendo a la calle vestidas de negro y en silencio. En Valencia, Toledo, Madrid, Bruselas, SudAfrica, California, Maryland, …https://womeninblack.org/

Citamos a Maixabel como ejemplo en España de constructora de paz.

Recuperemos historias y experiencias de procesos de paz, de logros obtenidos en los debates y pactos con la intervención de las mujeres y colectivos diversos en la construcción de la paz. Existe una historia de relatos de mujeres, no contada. Como las mujeres y niños de Palestina que son ejemplo de mantener la vida, se abrazan a los olivos, facilitan la educación a la infancia en medio de las ruinas de Gaza y Cisjordania.

Cuando leáis este artículo habreis visto en los medios de comunicación el resultado de la iniciativa “Salir de casa por Gaza” en Bruselas, organizado por Mujeres de negro y la WILPF, con el apoyo de asambleas por la paz municipales, grupos feministas, y muchos otros colectivos. Las mujeres feministas nos definimos por ser activas para conseguir la paz.


(1) Womens Legacy. Leído 15/Agosto /2025: https://womenslegacyproject.eu/es/recursos/

(2) Rosa García Ruiz. Tendressa i equitat en els processos de cura. Editoras Irene Comins Mingol, Mercedes Alcañiz Moscardó. Universitat Jaume I Castelló. Unión de editoriales Universitarias españolas UNE. 2017 http://www.tenda.uji.es

(3) Coordinadora Feminista Euskalerria No habrá paz para las mujeres si no hay un sistema público comunitario feminista de cuidados. https://www.feministas.org/IMG/pdf/hacia_un_sistema_publico_comunitario_feminista_de_cuidados.pdf (consultado 20 de junio 2025)

(4) Los ecos del banquete no escrito. Nieves Muñoz Muñoz. Col.lecció Sendes Universitat Jaume I UJI. 2010

(5) From Where We Stand: War, Women’s Activism and Femim¡nist Analysis. Cyntia Cockburn. Zed Books.2007.

(6) Cada 24 de mayo, se celebra el Día Internacional de la Mujer por la Paz y el Desarme. Instaurada por las mujeres del Greenham Common Women’s Peace Camp 1982, y los grupos pacifistas de mujeres europeas y estadounidenses, con el objetivo de recordar las campañas realizadas por las británicas que se opusieron a la OTAN y la carrera armamentística, así como para recordar a las mujeres que trabajaron por la cultura de la paz desde la primera guerra mundial (1915). Las mujeres de negro italianas manifiestan su rechazo a las bases militares en esta fecha.

Vita Arrufat Gallen

Médica de Salud Pública

Médica especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública