Cultura menstrual y salud integral: del silencio histórico al diálogo necesario

Basado en el webinar “Cultura menstrual y salud integral”, del Observatorio de Salud de las Mujeres, Ministerio de Sanidad (9 de octubre). Disponible en:

https://observatoriosaludmujeres.sanidad.gob.es/formacion/jornadasEventos/transversalidad/culturaMenstrualSaludIntegral.htm

Agradecemos la labor de Isabel Soriano y su estímulo, intelectual y logístico, sin el que este artículo no habría sido posible.

Recuperar la voz sobre el cuerpo

Durante siglos la menstruación ha sido un tema envuelto en silencio, tabú y desconocimiento. En la mayoría de las culturas se ha considerado algo vergonzoso o, en el mejor de los casos, un asunto íntimo. Sin embargo, ese velo comienza a caerse. Desde el ámbito académico, sanitario y social se están construyendo nuevos marcos para comprender la menstruación, no sólo como un proceso biológico, sino como un fenómeno humano, social, cultural y político.

La denominada “cultura menstrual” emerge así como una forma de integrar la experiencia menstrual en la salud integral y en los derechos humanos. Hablar de la menstruación desde una perspectiva cultural supone recuperar la voz sobre el cuerpo, cuestionar los estigmas heredados y reivindicar el conocimiento, la investigación y la educación como pilares de una sociedad más equitativa.

De la conspiración del silencio a la cultura menstrual

El concepto de cultura menstrual es relativamente reciente, pero designa una realidad antigua: la manera en que las creencias y los valores sociales influyen en cómo se vive y se interpreta la menstruación. A lo largo de la historia, el cuerpo de las mujeres ha sido objeto de discursos y hechos que han oscilado entre la sacralización y el rechazo, la ocultación y la mercantilización.

Romper con esa “conspiración del silencio” implica reconocer que la menstruación es una experiencia universal y diversa, con significados múltiples según el contexto cultural, social y económico. La llamada “cultura menstrual” busca precisamente visibilizar y normalizar el hecho menstrual, situándolo en el centro de los debates sobre salud, equidad y derechos sexuales y reproductivos.

Desde esta mirada, la menstruación no solo se trata de un hecho biológico, sino que también tiene dimensiones  sociales, simbólicas y políticas. La forma en que se percibe, se gestiona y se comunica la menstruación refleja los valores de una sociedad y su grado de compromiso con la igualdad de género.

La salud integral como enfoque y práctica

La salud menstrual no puede entenderse de forma aislada, sino dentro de un modelo biopsicosocial y ambiental. Este enfoque considera la interacción entre el cuerpo, la mente, el entorno y la cultura como base para alcanzar un bienestar completo.

En este sentido, el ciclo menstrual forma parte de la salud integral y no debe reducirse a sus alteraciones o problemas médicos. La tendencia a medicalizar o suprimir el ciclo menstrual ha invisibilizado su papel como indicador de salud general. Como contrapartida cada vez es mayor la tendencia que propone reconocer la menstruación como el quinto signo vital, junto con la temperatura, el pulso o la presión arterial, por su capacidad de reflejar el estado físico y emocional de la persona.

La salud menstrual también está condicionada por los determinantes sociales de la salud: el lugar de nacimiento, la educación, el trabajo, el acceso a servicios sanitarios o las condiciones ambientales. Estos factores influyen en la manera en que se vive el ciclo menstrual y en las desigualdades que atraviesan esa vivencia. Hablar de pobreza menstrual, por ejemplo, no se limita al déficit de productos, sino que abarca también la falta de información, de espacios seguros para la higiene y gestión y de educación sexual integral.

Diversidad de miradas: entre lo biológico, lo simbólico y lo social

La comprensión del hecho menstrual está marcada por múltiples miradas que, a menudo, se entrecruzan. Desde una perspectiva biológica, el ciclo menstrual es un proceso fisiológico complejo, vinculado al equilibrio hormonal y al bienestar general. Desde una perspectiva social y cultural, es también una construcción simbólica atravesada por creencias, tradiciones y valores.

Algunos enfoques contemporáneos reivindican la conexión entre el ciclo menstrual y los ritmos naturales, buscando resignificar lo menstrual como parte de la relación entre cuerpo y naturaleza. Otros, en cambio, subrayan la importancia de mantener una visión crítica ante discursos excesivamente esencialistas, recordando que no existe una única manera de vivir la menstruación.

La riqueza de estas aproximaciones permite pensar en la menstruación y su ciclo como un fenómeno plural: biológico y cultural, individual y colectivo, íntimo y político. Integrar esta complejidad en los ámbitos sanitario y educativo resulta clave para promover una salud integral y una sociedad más consciente de la diversidad de los cuerpos.

Educación menstrual y políticas públicas

Los avances legislativos recientes, como la Ley Orgánica 1/2023 de salud sexual y reproductiva, suponen un paso importante hacia la incorporación de la salud menstrual en la agenda pública. Esta norma incluye el derecho a la baja por dismenorrea secundaria a patologías y medidas para garantizar el acceso gratuito a productos de gestión menstrual.

Sin embargo, los escollos siguen siendo numerosos. Es necesario ampliar el enfoque más allá del sangrado mensual y considerar el ciclo menstrual completo, desde la menarquia hasta la menopausia, como parte de la salud reproductiva y sexual.

La educación menstrual debe ser un pilar fundamental. En este sentido, no basta con informar sobre los aspectos biológicos; es necesario promover una educación que integre lo psicológico, lo social y lo cultural. Además, debe dirigirse a toda la población, no solo a las niñas y mujeres: también a hombres, niños y adolescentes. Solo de ese modo se podrá construir una comprensión colectiva que erradique el estigma y naturalice las conversaciones sobre los cuerpos y sus procesos saludables.

Investigación, salud mental y diversidad

La investigación científica sobre el ciclo menstrual y sus implicaciones en la salud integral es todavía insuficiente. Persisten vacíos en áreas clave como la endometriosis, la adenomiosis, el síndrome premenstrual, la menopausia o la relación entre salud ambiental y salud menstrual. Para avanzar, se requiere una investigación pública con perspectiva de sexo y género, independiente de intereses comerciales y abierta a la diversidad de experiencias menstruales.

La salud menstrual está también estrechamente vinculada a la salud mental y emocional. El malestar, la irritabilidad o la tristeza asociados al ciclo no pueden entenderse solo desde la biología, sino desde el contexto social que los produce y amplifica. Nombrar estos fenómenos y abordarlos sin victimizar permite mejorar el bienestar psicológico y reducir la medicalización del cuerpo de las mujeres.

Asimismo, es esencial incluir en las políticas y estudios una perspectiva interseccional, teniendo en cuenta a mujeres con discapacidad, de diversos orígenes culturales y de clase, etc. cuyas experiencias menstruales han venido siendo invisibilizadas. La cultura menstrual solo será verdaderamente incluyente si incorpora esta pluralidad de voces y realidades.

Cambio de paradigma: hacia una salud menstrual positiva

Avanzar hacia una cultura menstrual implica un cambio profundo de paradigma: dejar de concebir la menstruación como una carga o una limitación y reconocerla como parte natural y saludable de la experiencia de la mitad de la población. Este cambio requiere revisar las prácticas sanitarias, los discursos educativos y los imaginarios culturales que aún asocian la menstruación con impureza, debilidad o incomodidad.

La salud menstrual en positivo no consiste en idealizar el ciclo, sino en reconocer la diversidad de vivencias, acompañarlas con conocimiento y empatía, y garantizar que las instituciones —sanitarias, educativas y laborales— ofrezcan entornos que respeten las necesidades de las personas que menstrúan.

El diálogo entre cultura menstrual y salud integral reconoce que el bienestar individual depende también del bienestar social y ambiental. Una sociedad que cuida a las personas y sus relaciones, al planeta y sus ecosistemas, es una sociedad que avanza hacia una verdadera equidad.

Una revolución cultural y sanitaria

La cultura menstrual no es una moda ni una reivindicación pasajera: es una transformación profunda en la forma de entender la salud, el cuerpo y los derechos de las mujeres. Situar la menstruación en el centro del debate social y sanitario significa derribar siglos de silencios, prejuicios y exclusiones, supone acabar con el “tabú menstrual”:

Hablar abiertamente del ciclo menstrual, investigar sus dimensiones sociales y biológicas, educar sin tabúes y legislar con enfoque de sexo y género son pasos esenciales para consolidar una salud integral con perspectiva feminista.

La cultura menstrual, entendida como conocimiento, respeto y autonomía sobre el cuerpo, constituye uno de los pilares de una sociedad más justa, informada y saludable. Promoverla es apostar por el bienestar colectivo, la equidad y la dignidad.

Noelia García Toyos

Psicóloga. Doctora en Ciencias de la Salud

Irene Aterido M.Luengo

Socióloga y sexóloga. Mediadora sociosanitaria