Cosas que pasan. La tiranía de “Esto”
Llevo cinco años escribiendo un libro que no sé cómo catalogar. Cada vez que alguien me pregunta qué es, si una novela, si una autobiografía o qué, no sé qué decir: “Supongo que ambas cosas”, contesto, pero no me quedo tranquila. ¿Qué estoy escribiendo?, ¿acaso el objetivo es contar mi vida? No, no es eso.
Escribir es mi forma de reflexionar sobre algo que me interesa profundamente, la existencia humana: cómo la vivimos, cómo la sufrimos, qué nos pasa por dentro mientras nos desenvolvemos fuera en el mundo, con los otros, por qué somos como somos en definitiva. Como no tengo talento para la ficción, uso mi propia vida como material, como terreno de indagación. Vivian Gornik dice en el capítulo que dedica a Natalia Ginsburg en su libro Cuentas pendientes: “Es a la «otra» dentro de una misma a quien la autora ha de buscar y encontrar para lograr la dinámica necesaria. Inevitablemente el texto crece cuando la narradora se involucra, no únicamente en la confesión, sino en la autoinvestigación”. Y eso es exactamente lo que yo hago en mi libro, busco a esa interlocutora interior para hacerle preguntas candentes: ¿Por qué era yo como era en mi juventud?, ¿por qué me resistía tanto a hacerme mayor?, ¿por qué esperaba tanto del amor?, y, finalmente, ¿por qué la decepción, cuando la fantasía se quebró, fue tan insoportable que casi me mata? Preguntas candentes que nunca antes me había atrevido a hacerme y que ahora no me dejan en paz. Y aquí me viene otra frase, la que dice Delphine de Vigan en su impresionante libro Nada se opone a la noche, donde cuenta la vida y el suicidio de su madre: “El hombre al que amo, se inquieta al ver cómo me enfrento a este trabajo… ¿tenía yo necesidad de escribir “esto”? … respondí que no. Necesitaba escribir y no podía escribir otra cosa más que “esto”. ¡Era un matiz importante!”. Eso mismo digo yo: necesito escribir y, desde hace cinco años, lo único que puedo escribir es “esto”.
Y ni siquiera ahora, cuando las responsables de MyS me piden mi columna, logro escapar a su tiranía, así que ya me perdonaréis si hago como Francisco Umbral y voy y me pongo a hablar de mi libro, no porque tenga necesidad de hablar de él sino porque tengo muchas ganas de escribir la columna, muchas, pero de lo único que puedo escribir es de “esto”.