Aportaciones de mujeres de negro feministas construyendo la paz
La construcción de la paz parte de un análisis crítico de las relaciones de poder que destruye la vida para desarrollar la mirada empática sobre la Naturaleza, respetando los límites y las diversidades de territorios y modos de vida y relaciones de la humanidad, poniendo el cuidado de la vida en el centro y viendo las relaciones de dominio que establece el patriarcado entre hombres y mujeres y entre unos países y territorios y otros. Al poner en común nuestros malestares, hablamos de nuestras experiencias personales y colectivas como mujeres, reflexionamos y nos damos nuevos espacios donde crear otras maneras de relacionarnos, otra manera de entender la educación, la salud, la economía, la política y las relaciones laborales, afectivas y sexuales, otras ciudades, otros territorios y otro planeta más habitable para todos, donde las relaciones de poder y dominio sean sustituidas por relaciones empáticas y de buentrato que nos lleven a relacionarnos desde la escucha y participación en la resolución de problemas y conflictos de una manera colectiva, para poder encontrar la paz.
Lo que se llama economía es un potente sistema expansivo que devora velozmente minerales, bosques, ríos, especies y personas, generando gases y residuos que envenenan la tierra, el aire y el agua. Se trata de una economía hegemónica, que necesita crecer extrayendo cada vez más recursos y dispuesta a sacrificar todo, territorios y personas, con tal de aumentar beneficios, a la vez que invisibiliza las relaciones de cuidado mutuo imprescindibles para generar y sostener la vida de la humanidad, de las especies y la de bosques, ríos y océanos.
Experiencias de mujeres constructoras de paz: otra narrativa histórica.
Es importante recuperar la memoria de los movimientos de mujeres feministas, resistentes y constructoras de otras narrativas y propuestas de paz, hechos olvidados y cancelados por el patriarcado, que no ha sabido ni querido escucharlos ni tenerlos en cuenta, por ser contrarios a su lógica guerrera de dominio. Es un deber nuestro recuperar, por tanto, el gran bagaje de experiencias humanas -y entre ellas muchas de grupos de mujeres feministas- que nos muestran otras formas no violentas de gestionar los conflictos, como el apoyo mutuo, la colectivización de las necesidades y la cooperación y distribución de responsabilidades. Nombraré algunas de las muchas iniciativas y proyectos de paz, eligiendo ejemplos de Europa, Oriente Medio, África, Latinoamérica y Asia.
Los movimientos de las madres.
En muchas partes del mundo existen madres que protestan y se organizan contra la violencia y las guerras; madres de la Plaza de Mayo de Argentina, madres de México, de El Salvador, viudas de Guatemala, contra los feminicidios y la impunidad, que buscan personas desaparecidas y reclaman justicia y reparación, madres de Sudán, madres de Chechenia y de Rusia, que fueron al frente para traer a sus hijos a casa, como si fueran niños de colegio peleando. ¡Traigan a nuestros soldados de las trincheras inmediatamente! ¡No manden a nuestros hijos al matadero!
Hoy las redes clandestinas de feministas rusas han organizado una web y un canal de Telegram por la Resistencia Feminista contra la Guerra entre Rusia y Ucrania. Este 25 de febrero de 2025, con motivo del triste aniversario de la invasión rusa a Ucrania, se hicieron públicas sendas declaraciones sobre la resistencia no violenta a la guerra provenientes de Feministas Rusas Antiguerra, movimiento nacido el 25 de febrero del 2022, y del Movimiento Pacifista Ucraniano.
A menudo el trabajo de las feministas rusas se devalúa o se pasa por alto, mientras evacuan a la gente o buscan la manera de que alguien esté a salvo. Escriben artículos y textos, testifican, dicen la verdad, sobreviven, y por ser antibelicistas y desear la paz, se las envía a prisión.
Por otra parte, la Asamblea General del Movimiento Pacifista Ucraniano aprobó una declaración sobre las tareas de la resistencia no violenta a la guerra que puede verse en: «Agenda Pacífica para Ucrania y el Mundo» y «Visión Ucraniana de la Paz». Señalo uno de sus puntos:
Condenamos la agresión rusa y todos los tipos de guerra, negándonos a apoyar las guerras, esforzándonos por poner fin a todas las guerras y eliminando las causas de ellas. Llamamos a la resolución justa y pacífica de todos los conflictos y disputas y a la resistencia no violenta a la guerra, la tiranía y otras amenazas a la democracia, incluidos el militarismo y la dictadura militar.
Mujeres de Negro.
Mujeres de Negro nacen en 1988. Hagar Rublev, Gila Svirsky y Sumaya F. Naser unieron sus centros de mujeres de Israel y Palestina en Jerusalén Link para luchar por los DD.HH. de las mujeres y contra la ocupación de territorios palestinos por el ejército de Israel. Desde entonces siguen manifestándose contra la ocupación y por la paz. Mujeres feministas, antimilitaristas y ecologistas de países en conflicto armado y otras mujeres solidarias, se han unido a esta red internacional; mujeres de la Ex-Yugoslavia, de Italia, España, Francia, Bélgica, Latinoamérica, de India, Sudáfrica, Armenia…etc., haciendo encuentros internacionales, manifestaciones, acompañamiento a mujeres en zonas donde ha habido masacres y violaciones, Tribunales de Mujeres, escritos, performances, teatro, vídeos…, donde difunden otras narrativas y otra mirada sobre los desastres de las guerras y sobre la construcción de la paz, con el fin de hacer reflexionar y hacer responsable a la población civil en la construcción de otro mundo posible. En definitiva, piden justicia, reparación y no repetición, denunciando el sexismo y la violencia sexual contra las mujeres, cosa que ocurre sin guerras y especialmente en las guerras, donde se trata de castigar al enemigo en el cuerpo de sus mujeres. Además realizan propuestas colectivas de solución de conflictos, educando para la paz y la comunicación justa a través de la escucha y el diálogo y buen trato, para llegar a acuerdos beneficiosos para las partes en conflicto.
Mujeres de Colombia por la Paz.
Las mujeres feministas y pacifistas de Colombia son un ejemplo de persistencia, y trabajo conjunto en pos de la paz, en una guerra que dura más de medio siglo. La Ruta Pacífica y la OFP (Organización Femenina Popular) organizaron el Tribunal de Mujeres, que juzga públicamente los desastres de las guerras, las violaciones de mujeres y de los DD.HH., inculpando al patriarcado, capitalismo y neoliberalismo. La OFP, insertada en un barrio de Barrancabermeja, en el Magdalena Medio, está trabajando incansablemente con poblaciones desplazadas, fundamentalmente mujeres, criaturas y adolescentes, construyendo casas, comedores populares (la olla común), escuelas y trabajos de formación con adolescentes, creando, en definitiva, comunidad afectiva de cooperación y apoyo mutuo. Recientemente han creado la Casa-Museo de la Memoria y los DD. HH de las Mujeres, con la colaboración de la ONG valenciana, ATELIER. En ella se recoge la memoria de la lucha de las mujeres en favor de la paz, la justicia y la reparación, recordando a las lideresas asesinadas, simientes de la paz, como ellas las llaman. No parimos hijas e hijos para las guerras. El verano de 2022 celebraron el 50 aniversario de la creación de la OFP.
Todas las organizaciones feministas de Colombia, incluyendo las exiliadas, han trabajado sobre los puntos esenciales de la construcción de la paz, según el punto de vista feminista, llevándolos a las conversaciones de paz de La Habana. Además, preparan los “tribunales de mujeres”, difunden sus narrativas, símbolos y hechos en vídeos, teatro (Patricia Ariza y otras), música y danza, bien insertadas en las poblaciones donde han ocurrido los hechos.
La representación de las Mujeres de Negro en Colombia la inició la Organización Femenina Popular del Magdalena Medio en 1997, con quienes la Ruta generó, en 2001, alianza nacional, conjugando en adelante las simbologías sociales y políticas para poder continuar con este legado.
El Colectivo de Paz y Desmilitarización de los Grandes Lagos de África, (Ruanda, Burundi, de Kivu Norte/Sur de la República Democrática del Congo).
Las mujeres de estos territorios, aliadas a la Marcha Mundial de las Mujeres, hicieron un llamamiento por la paz, exigiendo el reconocimiento de las mujeres como agentes y negociadoras de la paz. El número de violaciones en estas regiones ha sido muy numeroso. Su trabajo se fundamenta en la Resolución 1325 de la ONU, que solicita a los gobiernos la intervención de las mujeres en las mesas de resolución de conflictos. 30 años después del genocidio de Ruanda las heridas siguen abiertas. En 1994, en solo 100 días fueron asesinadas más de 100.000 personas. Lo que se trata en esta guerra, como en tantas otras, es apoderarse de tierras ricas en minerales, como el coltán, con la complicidad de grandes empresas occidentales y de EE. UU. La excongresista demócrata estadounidense, Cynthia Ann McKinley, enviada especial del presidente Bill Clinton, en el África de los Grandes Lagos, en 1997, después de ver la situación desastrosa de estos territorios, escribió una carta al presidente donde denunciaba “la complicidad de EE. UU en crímenes contra la humanidad.” Más tarde, en una segunda carta, destaca “el papel de las grandes compañías norteamericanas y europeas concertadas con Ruanda y Uganda en el saqueo de los recursos de la RDC: madera, cobalto, oro, diamantes, coltán, plata, zinc, uranio, germanio, etc.” [1] (Para saber más, consultar el artículo “Ruanda: el silencio que esconde las heridas del alma.” de Beatriz Lecumberri. El País, 8 de julio del 2023)
Los desastres continúan aún, con millones de personas desplazadas, viviendo en campos de refugiados, pasando hambre y enfermedades, mujeres violadas y amenazadas de muerte si se ocupan de denunciar los hechos. Muchas personas han huido para salvar sus vidas, como es el caso de la socióloga Marie Béatrice Umutesi, quien cuenta su historia en el libro, Huir o morir en el Zaire. Testimonio de una refugiada ruandesa. Ed. Milenio. Hoy la red Internacional de Mujeres por la Democracia y la Paz pide la acción inmediata para ayudar a las nuevas víctimas de esta tragedia.
“El silencio de la comunidad internacional ante la carnicería que se está produciendo en la RDC equivale a complicidad. ¿Es necesario recordar que los congoleños son seres humanos cuyas vidas cuentan? El mundo debe actuar. Deben aplicarse sanciones. Las víctimas deben obtener justicia y reparación.”[2]
Las Mujeres por la Paz de Liberia (WIPNET)
Estas mujeres de Liberia se dieron cuenta de que durante años habían soportado una atroz guerra donde las violaciones, los asesinatos y todo tipo de violencia eran el pan de cada día. Leyman Gbowee logró reunir a varias decenas de mujeres en el 2002 para orar, cantar y bailar por la paz en un mercado del pescado, lugar donde se reclutaba a niños soldados. Empezó así un gran movimiento de mujeres por la paz que reunió a cristianas y musulmanas, dando lugar a la Red de Mujeres por la Paz (WIPNET) y organizando marchas silenciosas, haciendo una huelga de sexo y presionando al presidente del gobierno, haciendo sentadas fuera del palacio hasta conseguir que asistiera a las conversaciones de paz en Ghana, y lo mismo hicieron con los señores de la guerra, los rebeldes, implicando con sus actuaciones a los medios internacionales. Cuando se acabó la guerra siguieron trabajando por la paz, la justicia y la reconciliación, construyendo cabañas para la paz, palavas, como lugares de encuentro para analizar y resolver sus problemas, apoyarse y construir la paz en sus comunidades, haciendo de mediadoras en todo tipo de conflictos, y trabajando por la educación y la alfabetización de las mujeres. Han demostrado el poder que pueden tener las mujeres cuando se unen por un objetivo común y han inspirado a otros movimientos en Nigeria y Costa de Marfil.
Las mujeres Chipko.
“El movimiento Chipko se inspiró en una lucha que ocurrió en la India hace más de 300 años y que tenía a una mujer como líder. En aquella época, integrantes de las comunidades Bishnoi y Rajasthan sacrificaron sus vidas al intentar salvar los árboles sagrados khjri, abrazándolos. En la década del 70, el movimiento Chipko, un movimiento de base e integrado sobre todo por mujeres, realizó acciones de resistencia de forma parecida.” [3]
Estas mujeres conforman un movimiento participativo, formado por mujeres rurales de 15 pueblos del Himalaya que montaron guardia y se abrazaron a los árboles para salvar los bosques comunales cuando iban a ser talados, respondiendo a esta violencia con acciones compasivas, ya que habían desarrollado, conjuntamente en su comunidad, una percepción afectiva del mundo no humano y una sensibilidad que les permitía concebirse como seres en relación con los otros seres y el medio ambiente. Y lo habían logrado dialogando, escuchando y reflexionando, adquiriendo conciencia y practicando con esmero el cuidado de los bosques de los cuales dependía su subsistencia. Miles de mujeres con perseverancia y paciencia lograron ganar a las empresas taladoras.
Todas estas mujeres, y muchas más, acompañan a las víctimas y reparan todos los infiernos de las guerras, poniendo conciencia y memoria de los desastres, para no olvidarlos y no volver a repetirlos, creando para ello escuelas y espacios de paz y resolución de conflictos. Es una gran obra de civilización, que debiera estar más escuchada, reconocida y visibilizada, teórica y prácticamente, para poder pasar a formar parte de la memoria histórica escrita, en currículos escolares y en los medios de comunicación de masa; T.V, redes, vídeos, película películas, teatro, etc.
[1] Joan Carrero. Äfrica, la madre ultrajada. Milenio. Lleida 2010. Pág. 243.
[2] RDC: Llamada de socorro del Movimiento Nacional de Supervivient.as de Violencias Sexuales [RifDP, 14.02.2025]
[3] Aprendizajes del movimiento Chipko en India: una lucha por ..