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¿ME ARREGLO LA BOCA O ME COMPRO UN
VOLVO?
<Leonor
Taboada >
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Leonor
Taboada
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La decisión es
mia, naturalmente. Puedo escoger entre ir quitándome los dientes uno
a uno en la Seguridad Social,o esperar serenamente que se vayan cayendo,
sin molestar a nadie:eso es gratis. Puedo hacerme quitar dos muelas
y ponerme bonitos puentes a cada lado, como sugiere mi dentista amiga
después de mirar en la radiografía panorámica (25.000) los agujeros
que dejaron los implantes retirados hace un tiempo (unas 250.000).
También puedo hacerme cortar las encías y rascarlas, (15.000x4) como
recomendó la yuppy afamada que me riñó por estremecerme y llorar cuando,
en la sesión exploratoria, pinchó un flemón a pelo, después de que
una encantadora asistente me sometiera a una tortuosa sesión de radiografías
seriadas (30.000).
Si lo prefiero, puedo escoger el menú del siguiente experto consultado,
para quien mis encias no necesitan ningún raspado y no son el problema.
A él, ni la panorámica ni las radiografías seriadas le dicen nada:
lo que le mola son los escaners (35.000); tampoco le gustan las muelas
del juicio, por lo que sugiere quitarlas y opta por el reimplante
en los los agujeros que dejaron los retirados.
Los peores momentos de mi vida de paciente los he pasado en la consulta
de un dentista, por amable y experto/a que fuera o fuese. Sólo alli,
con los ojos abiertos, y temblando, me han perforado, limado, martillado,
cortado, pinchado, extraído o matado partes físicas del cuerpo "por
mi bien"y puedo jurar que todo ello ha repercutido en mi cerebro.
Sueño con que la odontología salga de la edad de piedra; con protocolos
serios y una protección social real de la salud que no ignore la cavidad
del cuerpo que emite la sonrisa e intercambia los besos.
La realidad, sin embargo, es la que es: me equivoque o no en las decisiones
respecto al tratamiento, tendré que pedir un crédito para pagarlo
y asegurarme una consulta psiquiátrica-que tampoco cubre la Seguridad
Social.
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